¿Necesitamos un Nuevo Modelo Productivo?

En los últimos tiempos he observado frecuentemente llamamientos para un cambio del modelo productivo en España. Me cuesta discernir si estas reclamaciones son producto de una reflexión meditada o de la frustración que genera el que, tras cuatro años de recesión, no hay signos de que la recuperación llegue pronto. En cualquier caso, me parece relevante reflexionar sobre estas cuestiones. Al fin y al cabo, si alguien me pregunta cuál es el problema — el más importante, el fundamental– de la economía española no está en los bancos, ni es un problema fiscal. El problema es la falta de crecimiento.

Una forma de profundizar en el tema puede ser a través de las siguientes preguntas:

1. ¿Qué es el modelo productivo?
2. ¿Qué lo determina?
3. ¿Hay modelos productivos malos?
4. ¿Es nuestro problema uno de tener un mal modelo productivo?
5. ¿Se puede cambiar?
6. ¿Cómo y a qué plazo?
7. ¿Qué papel debería de jugar el gobierno?

1. ¿Que es el modelo productivo?
Cuando la gente habla de modelo productivo, intuyo que se refiere a las pautas de especialización; la importancia relativa de diferentes sectores (a un nivel relativamente desagregado) en la economía.

2. ¿Qué lo determina?
En comercio internacional hay dos teorías sobre las pautas de especialización. Una (Heckscher-Ohlin) enfatiza la abundancia relativa de factores productivos y la otra (Ricardo) la productividad en las diferentes actividades económicas.

3. ¿ Hay modelos productivos malos?
Esta pregunta se puede responder a dos niveles. Por un lado, con la productividad pasa como con la belleza. Todos – quizás, hasta Cristiano Ronaldo– deseamos ser más bellos. Desde esta perspectiva, el conjunto de actividades productivas que se llevan a cabo en un país, puede ser “malo” si generan una baja productividad.

Sin embargo, la distribución de productividades de las actividades que se llevan a cabo en un país no es la única dimensión que deberíamos de tener en cuenta al evaluar un sistema productivo. Hay actividades que generan externalidades dinámicas que afectan la productividad futura de la economía o de un sector. Por ejemplo, cuando una empresa invierte en I+D o en adoptar nuevas tecnologías, además de una serie de mejoras en su productividad, genera un conocimiento que a menudo trasciende la propia empresa. En otras palabras, estas inversiones producen una externalidades que incrementan el conocimiento de la sociedad y, por lo tanto, las futuras posibilidades productivas.

Desde esta perspectiva, los modelos productivos intensivos en actividades que generan externalidades en el stock de conocimiento son superiores, ceteris paribus, a aquéllas basadas en actividades sin externalidades de conocimiento. (Por ejemplo, casinos.)

4. ¿Es nuestro problema uno de tener un mal modelo productivo?
Posiblemente. Dado la bajísima inversión en I+D y el rezago en adopción de tecnologías, parece razonable pensar que el modelo productivo español no es particularmente adecuado para acumular conocimiento tecnológico. Esto puede ser uno de los motivos por los cuales, durante la expansión del 2000-07, la productividad no creció a pesar del aumento en la educación la fuerza de trabajo y del crecimiento de la economía. En cualquier caso es necesario mencionar que la evidencia sobre esta hipótesis es indirecta dada la dificultad de medir la magnitud de las externalidades dinámicas en la acumulación de conocimiento.

5. ¿Se puede cambiar el modelo productivo? Y 6. ¿Cómo y a qué plazo?
Vaya por delante que los economistas sabemos mucho menos sobre política de innovación que sobre política fiscal o monetaria. Sin embargo, dada la respuesta a la pregunta 2, debería de ser bastante difícil alterar el modelo productivo de un país. Al fin y al cabo, tanto los factores de producción como las productividades relativas en diferentes actividades evolucionan lentamente.

Dicho de otra forma, no vamos a pasar de construir pisos a ser una potencia en ingeniería genética de la noche a la mañana. Lo mismo ocurre con cambios verticales en la estructura productiva. Es decir, aquéllos que no requieren reasignar recursos entre sectores sino entre actividades de un mismo sector con diferente valor añadido. (Aquí, y a partir de ahora, uso valor añadido para englobar tanto el concepto tradicional estático como el valor producido en el futuro por las externalidades dinámicas del conocimiento).

7. ¿Qué papel debería de jugar el gobierno?
Dadas las externalidades de las que he hablado anteriormente, parece obvio que hay políticas públicas que pueden mejorar la asignación de recursos que produce el mercado.

La literatura económica sobre innovación básicamente ha considerado una única política: los subsidios a la I+D. La teoría es casi trivial. Si el gobierno subsidia la I+D, las empresas deberían estar dispuestas a invertir más en I+D. La evidencia sin embargo no es tan obvia. Algunos estudios han confirmado esta hipótesis, pero otros, basados en los subsidios a la I+D en los diferentes estados de EEUU han observado que si bien los subsidios afectan donde se lleva a cabo la I+D, no tienen un efecto significativo en la inversión agregada en I+D.

Mi lectura de estos resultados es que el precio no es un determinantes muy relevante de la innovación. Por mucho que el gobierno pague parte de la factura, si no tengo capacidad para innovar, no innovaré.

La capacidad para innovar es la clave. Y depende sobre todo de la experiencia pasada, del conocimiento tecnológico y de la facilidad para acceder al conocimiento que me falta para poder desarrollar el proceso, producto o servicio que deseo desarrollar.
Desde esta perspectiva, el gobierno podría ayudar facilitando este conocimiento a las empresas. Siendo una especie de biblioteca del conocimiento que solucione varios problemas. 1. Que el conocimiento está compartamentalizado; 2. que no es fácil descubrir dónde está el conocimiento que yo necesito; 3. que a veces el que lo posee no quiere compartirlo y, por imperfecciones contractuales, puede no ser posible llegar a un acuerdo pese a que en principio ambos nos beneficiaríamos si compartiéramos el conocimiento. Además, (4) las empresas tienden a estar muy enfocadas en su área, de forma que los problemas anteriores son muy prevalentes en todas aquéllas innovaciones que requieren combinar conocimiento de varias áreas.

Estos mismos problemas afectan no sólo la capacidad de innovar, sino también la capacidad de asimilar el conocimiento que resulta de la innovación. Empresas con un exceso de especialización y que descuenten el futuro a tasas demasiado altas ignorarán oportunidades importantes que pueden surgir en otras áreas o en el medio plazo.

Una buena política de innovación no puede centrarse sólo en cuál es el presupuesto o la tasa de subsidio de la I+D. Tiene también que estudiar el diseño óptimo de organizaciones públicas, complejas que cubran las diferentes áreas tecnológicas de conocimiento y que faciliten a las empresas soluciones a sus problemas tecnológicos. Quizás así se pueda conseguir una pauta de especialización que genere alto valor añadido tanto en el presente como en el futuro.

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