Paraísos fiscales, ¿estafa o libre competencia?

Paraíso con un billete de dolar

En tiempos de crisis siempre resurge el debate de los paraísos fiscales, a los que se  acusa de esquilmar las arcas públicas de otros países por la evasión de impuestos.

La primera pregunta que hay que hacerse es: ¿qué es un paraíso fiscal?

Para ser considerado un paraíso fiscal, el país tiene que cumplir básicamente dos condiciones:

1) Los impuestos que se aplican a los ciudadanos no residentes -ya sean personas físicas o jurídicas- sean nulos o extremadamente bajos.

2) Que no exista transparencia, bien porque exista secreto bancario o bien porque no exista un intercambio de información fiscal entre las administraciones de otros países y el paraíso fiscal.

Existen voces que afirman que los países que cumplen únicamente la primera de las condiciones son también paraísos fiscales. Con esto entramos en un profundo debate acerca de la competencia y la soberanía nacional.

Un ejemplo de esto es Irlanda, país que tiene el impuesto de sociedades  menor de toda Europa, un 12.5% –la media europea se sitúa en el 30%- y que está siendo presionada por la unión europea para que lo incremente, puesto que consideran que está actuando como competencia desleal.

Lo que sufrimos hoy en día no es un problema de evasión de impuestos hacia los paraísos fiscales, si no una aplicación excesivamente purista de la política neoliberal de Milton Friedman. Los países están adaptando la gestión empresarial a la gestión de los estados,  llevándola hasta las últimas consecuencias.

Irlanda está compitiendo con el resto de Europa por captar el mayor número de clientes posibles, en este caso, empresas a las que les ofrece aligerar la carga tributaria. Esta captación les reporta una reducción del índice de paro y un incremento del producto nacional bruto, por los servicios que rodean a estas empresas –no podemos usar el PIB como medida ya que distorsiona al incluir los recursos de los ciudadanos en el extranjero-.

Al igual que las empresas, los países pueden competir con dos posibles estrategias, bajo coste o diferenciación. Evidentemente, estos países han optado por competir en costes -es decir bajos impuestos-.

El FMI, gran abanderado de las políticas neoliberales, cae aquí en un gran contrasentido. Los países rescatados por esta institución son obligados a seguir los dictados de la escuela de Chicago, que están basados fundamentalmente en gestionar los estados de una forma similar a como se gestionarían en las empresas privadas. El problema viene cuando los países deciden utilizar esas doctrinas para competir con otros países con una estrategia de bajo coste, ya que es ahí cuando el país se sitúa en el punto de mira de los países occidentales y de las principales instituciones económico-financieras.

La solución final de este problema pasa por una integración fiscal de todos los países, pero eso es algo que a día de hoy es una quimera.

Enlaces de interés:

Documental acerca de los paraísos fiscales (RTVE)

Blog de economía – El escáner

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