Economía y Vuvuzelas

Hace tan solo unos días, justo en la mañana previa al debut de la selección española de futbol en la Eurocopa 2012, me encontré, de manera más o menos involuntaria, participando en una de esas tertulias de café a media mañana en un céntrico bar de mi localidad, una de esas tertulias, decía, que tan bien se nos dan a los españoles y en las que resolvemos problemas mundiales críticos, o, como en este caso, ejercemos de seleccionadores nacionales.

Curiosamente la conversación, en la que participaban tanto conocidos como desconocidos para mí, acabó derivando del futbol a la economía, sin duda un signo de los tiempos, y concluyó cuando, ya apurado el último sorbo de café, uno de aquellos desconocidos tertulianos lanzó al aire una frase, que no puedo reproducir aquí literalmente, en la que exponía hacía donde podía encaminarse la prima de riesgo con tal de que España ganará la competición.

Forofismos aparte lo cierto es que la victoria en grandes eventos como esta competición futbolística tienen una influencia real en la economía que va bastante más allá del concepto, un tanto manido, de pan y circo, con que algunos se despachan.

En los cálculos de retorno de un evento ganado por España como el pasado mundial de futbol de Sudáfrica, y a sabiendas de que cuantificar de manera exacta estas cifras es, como poco, complejo, los datos más tímidos cifraban entre 8.000 y 10.000 los millones de euros que se podían, directamente, achacar al proceso y victoria final de la selección española.

¿Y de donde proviene este retorno? Los dos elementos más importantes sin duda son, el propio consumo, el aumento del consumo de sectores como la hostelería, y, por otro lado, en el retorno a nivel turístico que una imagen promocional tan mediática como el hecho de ganar un mundial le supone a un país como el nuestro, en el que precisamente, el turismo es un pilar económico de primer orden.

Por supuesto también para esta Eurocopa se baraja una cifra de retorno en el caso de que la selección española de futbol vuelva a imponerse y resulte campeona; una cifra que, según los medios, se podría situar en el entorno de los 2.500 millones de euros.

Y desde luego, como el lector entenderá, todo esto está muy bien, muy interesante el retorno económico, el aumento del consumo, fantástico, pero, usted y yo, permítame la familiaridad, sabemos que hay más.

Nadie lo dice, o lo dicen muy pocos abiertamente, pero muchos o la mayoría lo piensa; detrás de un evento deportivo como este, en el que se enfrentan lo mejor dentro del futbol de cada país de Europa, hay una corriente de amores, odios, filias, fobias y ganas que, máxime en un momento como el actual, hace que tertulianos anónimos, como el que conocí, indiquen muy expresivos la satisfacción que produciría ser los mejores en algo.

Lo sé, puede que se nos acuse de cierto derroche de testosterona futbolera, pero, atiendan o busquen las declaraciones de alguna de las figuras de la selección nacional de Grecia tras su pase a cuartos de final, declaraciones en las que, literalmente, saltaba del futbol a otras arenas, económica y política, y aseveraba que el pueblo griego no se merecía por lo que estaba pasando, populista sí, efectivo, mucho, cohesionador, probablemente más que cualquiera de los conclaves políticos griegos en busca de estabilidad que se han dado estos días.

Nuestro país necesita muchas cosas a fecha de hoy, desgraciadamente gran parte de ellas no van a resultar precisamente inmediatas y menos en el plano económico, pero, pocas dudas caben acerca de que la cohesión y el optimismo no son malos en ninguna circunstancia y especialmente buenos en situaciones adversas como la actual.

Así que sí, somos muchos, no se avergüence usted de mirar de reojo a la selección nacional alemana y desear una final entre nuestra selección y la teutona, no se sienta solo ni culpable por olvidar la situación económica durante unos días o al menos consuele esta culpabilidad pensando en que, efectivamente, de una u otra manera, un triunfo nos va a venir muy bien, desempolve la vuvuzela, ese invento a caballo entre lo musical y lo infernal, y anime a los nuestro el próximo sábado.

Euribor

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