El valor del dinero

Mañana es el sorteo de verano de la ONCE, ese que tiene un premio de 20 millones de Euros y ese del que el año pasado no se vendió el número ganador… ¿Cuántas veces has pensado lo feliz que serías si te tocase la lotería? ¿Realmente el dinero da la felicidad?. Parece ser que existe una conexión medible entre los ingresos y la felicidad; no es de sorprender que la gente con un nivel de vida acomodado sea más feliz que la gente que vive en la pobreza.

La cuestión está en qué ingresos adicionales no nos permiten comprar felicidad adicional en el día a día, una vez alcanzado ese nivel de acomodamiento. El número mágico que define este «nivel de comodidad» varía en función de la persona y el país, el último estudio que he encontrado indicaba que para los Estados Unidos,  esa cifra estaba entorno a los 75.000$ (unos 60.000€) y es de suponer que en España será similar.

¿Por qué, entonces, nos preocupamos por trabajar tanto después de haber alcanzado un nivel suficiente de ingresos con el que la mayoría de nosotros somos felices? Una razón es que nuestra idea sobre la relación entre dinero y felicidad es equivocada. Tendemos a pensar que nuestra satisfacción en la vida se duplicaría si ganasemos 55.000€ en lugar de 25.000€:  A más del doble de ingresos, al menos esperamos el doble de felicidad. Sin embargo, el estudio que he comentado antes, reflejaba que la gente que ganaba 55.000$ estaba solo un 9% más satisfecha que los que ganaban 25.000$ . El nueve por ciento, obviamente, supera al cero por ciento, pero sigue siendo una cierta decepción cuando esperas un resultado del 100 por ciento.

Resulta interesante, y útil, que lo que hacemos con nuestro dinero desempeñe un papel considerablemente más importante que cuánto dinero ganemos. Imaginemos tres personas y que cada una gana 1 millón de dólares en la lotería. Supongamos que una persona intenta comprar todo lo que siempre ha querido, otra pone todo el dinero en el banco y utiliza el dinero únicamente con moderación, para ocasiones especiales y la última dona todo a la caridad. Al final del año, todas ellas declararán 1 millón de dólares más de ingresos. Muchos de nosotros seguiríamos (o al menos estaríamos tentados) la estrategia de la primera, pero los otros dos ganadores probablemente obtengan mayor felicidad de su dinero.

Solemos pensar que tener más dinero nos permitirá comprar cada vez más cosas que nos gustan, desde casas más grandes a coches más lujosos, mejor vino, televisiones con más píxeles. Pero estas típicas tendencias consumistas, comprar más y comprar más para nosotros mismos, no sirven para transformar el dinero en felicidad. Una década de investigación ha demostrado que si insistimos en gastar dinero en nosotros mismos, no dejaremos de comprar cosas (televisiones y coches) en lugar de experiencias (viajes y salidas especiales). El  estudio ha desvelado que además de comprar más experiencias, nos serviría mucho más comprar sencillamente menos, además de comprar para otros.

Si habéis visto alguna vez los menús grandes que ponen en las cadenas de comida rápida en EEUU entenderéis la propuesta que en su día hizo el alcalde de Nueva York de prohibir los refrescos de tamaño gigante, se suele decir que «el banquete está en el primer mordisco». Ese primer sorbo de refresco es verdaderamente delicioso, tomando nuestras lenguas por sorpresa con su burbujeante dulzor. Pero nuestras lenguas y nuestras mentes enseguida se acostumbran a los placeres repetidos, de tal modo que el sorbo 39 ya no es tan agradable como el primero. Dado que limitar el tamaño de los refrescos restringe estos sorbos menos placenteros, la propuesta del alcalde puede mejorar la relación placer respecto a calorías (y placer respecto a dinero), un beneficio pasado por alto en el acalorado debate sobre las consecuencias de tales iniciativas para nuestra libertad y nuestra salud.

Utilizar nuestro dinero para conseguir lograr conseguir esa punto óptimo de gasto que maximize nuestra felicidad exige un cambio en la conducta. Pero otro medio científicamente probado para aumentar la felicidad que obtenemos del dinero es incluso más radical: no utilizarlo para nosotros mismos.

Imagínate caminando por la calle yendo hacia la playiita y de repente aparezco yo y te doy un sobre. Lo abres y te encuentras 20€ y una hoja de papel que dice que te gastes el dinero en algo para ti antes de que acabe el día. Suena bastante bien. Ahora, imagínate que el papel dijera que te tienes que gastar el dinero en alguien. Ser generoso es agradable, seguro, pero ¿utilizar el dinero para beneficiar a otra persona nos hacer verdaderamente más felices que comprarnos un cinturón, un libro o unas copillas?

Sí, y ni siquiera se aproxima. Este estudio se ha realizado y el seguimiento posterior a  las personas a las que se dio el dinero, a aquellas a las que se les dijio que se lo gastaran en otras personas afirman haber obtenido mayor felicidad que aquellas a las que se les dijo que se lo gastaran en sí mismas. Y en países desde Canadá a la India, pasando por Sudáfrica, la gente es más feliz cuando se gastan dinero en otras personas que cuando lo hacen para sí mismas.

¿Qué pasa con las personas a las que les cuesta compartir? Seguramente los beneficios emocionales de dar no podrían ser aplicables a niños pequeños, que se aferran a sus posesiones como si sus vidas dependieran de ello. Este estudio también se ha realizado, se dio a niños pequeños el equivalente del oro para ellos: galletitas saladas. A la vista de sus radiantes caras esta sorpresa les hizo bastante felices. Pero hubo algo que les hizo incluso más felices. Fueron los más felices cuando dieron algunas de sus galletitas a su nuevo amigo, un muñeco llamado Monkey. Muñecos aparte, la lección está clara: maximizar la felicidad no es cuestión de maximizar las galletitas saladas. Para ser claros, tener más galletitas saladas (o más oro) no disminuye nuestra felicidad, esas primeras galletitas pueden darnos un genuino estallido de placer. Pero más que centrarnos en cuánto tenemos en el bol, deberíamos pensar más cuidadosamente en qué hacemos con lo que tenemos, que puede significar ser menos indulgentes con nosotros mismos, e incluso puede significar dar a otras personas de que sean ellos los que obtengan el placer.

Como veis, unos estudios que deberían cuanto menos hacernos replantear el uso que hacemos de nuestro dinero.

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